Ultimos días de cine: Entre Nosotros y Los Galgos

Ultimos días de cine: Entre Nosotros y Los Galgos

Hemos estado inmersos en La Cabina. Cuando el festival llegaba a su fin, comenzaba a amontonarse la marabunta de imágenes, sonidos, olores y en definitiva, el sinfín sensaciones que nos ha brindado la acertada selección de mediometrajes que se han proyectado durante estos días en el centro histórico de Valencia.
Para no caer en reflexiones líricas tan fácilmente recurrentes durante estos días invernales de cine, nos centraremos en dos creaciones concretas: Los Galgos, dirigida por Gabriel Azorín y Entre Nosotros, de la directora chilena Paloma Aguilera, presentadas en la séptima jornada de proyecciones por sus correspondientes creadores.
La propuesta narrativa de Gabriel Azorín puede parecer en un principio algo trivial o como el mismo director mencionó en la presentación, algo “prosaica”: tres amigos deciden aislarse un fin de semana en el campo para pasar un buen rato consumiendo marihuana y setas alucinógenas. Pero lo cierto es que este planteamiento fue la excusa perfecta del director para experimentar (junto a sus compañeros de la ECAM en una práctica final conjunta) con la imagen y el sonido. Huyendo de las convenciones tradicionales fácilmente identificables en aquellas películas que pretenden tratar un estado psico-físico alterado de algún personaje (uso de planos subjetivos desestabilizados, colores estridentes o grandes desenfoques, distorsión de la imagen…etc) Gabriel Azorín consigue crear atmósferas discordantes: sosiego, paz, tensión, inquietud, angustia, a través de primeros planos, cámara en mano y un excepcional uso del sonido, el cual cobra el mismo protagonismo que la propia imagen.

A esta huida de excentricidad se le suma la naturalidad de los actores, o mejor dicho no – actores, ya que los protagonistas son encarnados por tres amigos íntimos del director, los cuales no tenían relación alguna con el mundo audiovisual ni mucho menos con el mundo actoral. Esto permitió una fluidez y espontaneidad palpables en la pantalla, siendo ellos, según afirmó el propio director en la presentación, los que en muchas ocasiones creaban las acciones a su antojo.

Sin embargo, aunque el resultado de la experimentación sea un producto audiovisual de gran calidad y rompedor en su propuesta, quizás echemos de menos una mayor complejidad narrativa, o una mayor conexión entre diferentes elementos (una televisión que proyecta imágenes de la revoluciones en Egipto, imágenes de un vídeo casero en las cuales unos galgos corren apresuradamente detrás de un conejo) que podrían ser el detonante para una subtrama o un segundo discurso, pero que se quedan ahí, como meras propuestas estéticas- experimentales o un simple recurso para contextualizar la narración.

Por su parte la chilena Paloma Aguilera nos presenta un mediometraje que sigue más la propuesta de la mayoría de películas proyectadas durante el festival: películas intimistas, que pretenden acercar al espectador al más profundo recoveco del alma de los personajes, donde la contradicción de sentimientos explosionan en la pantalla permitiendo una identificación inmediata espectador- personaje. De este modo, Paloma nos sitúa en una fiesta familiar al más puro estilo chileno: guitarras, barbacoa, el baile de la Cueca chilena, “copete”, risas, conversaciones políticas… la cámara es dinámica, inestable, pareciendo durante los 15 primeros minutos que vamos a presenciar un obra al más estilo cinema verité. Aun así, de nuevo el contexto no es más que otra excusa para presentarnos a través del detalle y lo sutil, realidades y sentimientos que desbordan a los personajes: el dolor de la separación, la soledad durante el exilio, el rencor y la rabia hacia los que abandonaron la lucha… Sí, un tema muy recurrido en toda la cinematografía Chilena, y latina en general, pero contado de un modo diferente, mostrándonos tan sólo la punta de un iceberg inmenso y destructivo.

Si uno de los principales propósitos del VI Festival de Internacional de Mediometrajes ha sido demostrar la validez del formato mediometraje a la hora de narrar historias de calidad, todos los asiduos a las sesiones coincidirán en que este objetivo se ha conseguido con creces. Quizás la críticas negativas no deben dirigirse a ningún cineasta en particular, si no en ese público ausente valenciano, el cual se queja continuamente de la falta de propuestas culturales en la ciudad pero que tampoco acude cuando las hay. Aunque suponemos que este asunto sería otra punta de un iceberg. Mejor no entrar esta vez en el tema, todavía falta hablar del palmarés.

Alportaz
alportaz@hotmail.com
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